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Los nueve puntos para poner cada presupuesto lado a lado y saber qué estás pagando de verdad.
La respuesta corta
Para comparar presupuestos de páginas web no mires solo el precio final. Poné cada presupuesto al lado del otro y revisá nueve puntos: qué páginas incluye, quién escribe los textos, si el dominio y el hosting están incluidos y a nombre de quién, cuánto cuesta la renovación, si vas a poder editarla vos, qué soporte tenés después, en cuánto tiempo la entregan, cuántos cambios incluye y cómo se paga. Lo que un presupuesto no menciona, normalmente no está incluido.
Una de las consultas que más recibimos es: “Me pasaron tres presupuestos y no entiendo por qué uno sale el triple que otro”. Casi siempre la respuesta está en lo que cada uno incluye, y en lo que no dice.
Te proponemos un método simple: agarrá una hoja, hacé una columna por cada presupuesto y completá estos nueve puntos. Si un presupuesto no responde alguno, preguntá. Y si no te lo pueden responder con claridad, eso ya te dice bastante.
“Página web” puede ser una sola página con todo junto o un sitio con inicio, servicios, nosotros, preguntas frecuentes y contacto. Pedí que te digan cuántas páginas son y cuáles. Si vendés productos, preguntá cuántos productos cargan ellos y quién carga el resto.
Es el punto que más diferencia hay entre presupuestos, y el que menos se aclara. Muchos dan por hecho que vos les mandás todos los textos. Escribir lo que dice una web, para que el cliente entienda qué hacés y te escriba, es un trabajo en sí mismo. Si te toca a vos, contá el tiempo que te va a llevar.
Preguntá tres cosas: si están incluidos, por cuánto tiempo (casi siempre es el primer año) y a nombre de quién se registra el dominio. Esta última es la más importante. El dominio tiene que quedar a tu nombre. Si queda a nombre de la agencia y algún día querés cambiar de proveedor, recuperarlo puede ser un problema.
Una web que parece barata puede tener una renovación anual alta. Pedí el monto exacto de la renovación y qué incluye: dominio, hosting, correo, actualizaciones de seguridad, copias de respaldo. Después hacé la cuenta a tres años, sumando el pago inicial y dos renovaciones. Ese es el número que conviene comparar.
Si tu negocio cambia seguido (precios, servicios, novedades, productos), necesitás poder actualizar la web sin llamar a nadie. Preguntá si incluye un sistema de gestión, si te enseñan a usarlo y qué partes vas a poder cambiar vos. Si no lo incluye, preguntá cuánto cuesta cada cambio que les pidas.

Preguntá qué soporte tenés cuando la web ya está online. ¿A quién le escribís si algo deja de funcionar? ¿Cuánto tardan en responder? ¿Está incluido por un tiempo o se paga aparte? Una web sin nadie que la cuide se va quedando desactualizada, y a veces deja de funcionar sin que te enteres.
Pedí un plazo concreto y preguntá qué lo puede atrasar. Un buen presupuesto aclara que el plazo corre desde que reciben la información que necesitan de vos. Desconfiá tanto de plazos demasiado cortos para lo que se promete como de presupuestos que no mencionan ningún plazo.
Durante el diseño vas a querer ajustar cosas. Preguntá cuántas rondas de cambios están incluidas y qué pasa si necesitás más. Es mejor saberlo antes que discutirlo a mitad del proyecto.
Lo habitual es un adelanto al empezar y el resto contra entrega. Preguntá también si el precio incluye IVA y si emiten factura. Desconfiá de quien pide el total por adelantado sin ningún respaldo.
Además de los nueve puntos, hay cosas que conviene mirar con atención en cualquier presupuesto:
Con la tabla completa, ya no estás comparando precios: estás comparando qué recibís por cada precio. A veces el más barato es la mejor opción para lo que necesitás. A veces el más caro incluye cosas que en los otros vas a terminar pagando aparte.
Nosotros publicamos nuestros precios, con lo que incluye cada paquete y lo que cuesta la renovación, en la página de precios. Y si querés entender de dónde sale cada número, leé cuánto cuesta una página web en Paraguay.
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